martes, 30 de septiembre de 2014

Epílogo (salvo AOB)

Esta es la “página” del blog que mas me ha costado escribir. Hasta ahora me he limitado a reflejar lo que contenían mis notas, exponer mi fondo fotográfico, creado en estas semanas, y añadir algún recuerdo adicional de mi memoria. Ahora, sin embargo, he de concluir este blog y las despedidas siempre son especiales, difíciles para mi.

En primer lugar quiero agradecer de nuevo a Jaime R. – armador y capitán del Roc Blanc II – la oportunidad de compartir con él esta interesantísima travesía. Su planificación inicial ya prometía una travesía especial – no se trataba unicamente de navegar para cubrir millas, y mas millas -, pero la realidad vivida posteriormente ha superado las expectativas. Y no solo ha sido muy interesante, si no tremendamente agradable, pues nos lo hemos pasado muy, muy bien.

Toda esta travesía me ha proporcionado múltiples aprendizajes – y ¡qué da mas valor a la vida que el aprendizaje! – tanto personales como técnicos. Hemos compartido la vida a lo largo de varias semanas a bordo de un gran barco – grande no ya por sus dimensiones, si no por sus cualidades marineras – como es el Roc Blanc II. Este barco - con base en el R.C.N.P., es decir, en Palma de Mallorca - tiene mas de 14 m de eslora, mas de 4 m de manga y 2 m de calado. Es un velero muy estable, que se comporta magníficamente sea cual sea la mar y el viento a los que se enfrente. El velamen esta muy bien dimensionado, con una gran superficie tanto de mayor como de génova: ¡qué bien pintan sus velas con un buen viento! La maniobra está bien dirigida a bañera, y la capota da una buena protección frente a los rociones cuando la ola salta por encima de la cubierta. Y el bimini no digamos, en estos mares de intenso sol, que exigen una buena protección durante las largas horas de sol. La cubierta es amplia, dando buena cabida al bote auxiliar, cuya maniobra de botadura e izada está bien planteada. Por su parte, la bañera es muy cómoda, con un buen espacio para largas horas de navegación. Y el ancla - recuperado por un potente molinete - y cadena aguantan muy bien en los fondeos. El motor intraborda, con sus 100 HP, es excelente, tanto en días sin viento, como en las maniobras de atraque. En estas maniobras el motor de proa también juega un muy buen papel.


En cuanto al interior éste es espacioso, bien distribuido, muy luminosos, cómodo para estar en él y muy bien aireado, ya estén abiertas o cerradas las escotillas y portillas. Tiene numerosos y amplios pañoles, en los que la estiba es fácil, quedando todo bien asegurado frente a los golpes de mar. El puesto del navegante es amplio y cómodo, con buen espacio para cartas y buen acceso a los instrumentos. El equipamiento eléctrico y electrónico es muy completo, y esta bien mantenido. En la pantry se dispone de una amplia nevera y de un gran congelador, el cual permite mantener alimentos, tanto sin elaborar como una vez preparados, en perfecto estado durante semanas. Y es donde tan bien se guardan esas botellas de agua que diariamente se consumen en estos mares en los que el verano resulta ser especialmente muy caluroso.

En resumen, el Roc Blanc II es un barco excelente, en el que es un placer navegar.

Todo barco tiene una limitación clara de espacio, y en el que cada tripulante ha de encontrar “su hueco”, ya que la convivencia es fundamental. Nuestra convivencia ha sido uno de los aspectos mas agradables de esta travesía, puesto que a pesar de la larga estancia a bordo, ésta nunca se hizo pesada [al menos a mi]. Y desde luego pasamos muchos momentos muy, muy agradables. Un día, poco antes de finalizar la travesía, Jaime me preguntó por mi opinión [y como los había vivido] acerca de los múltiples cambios que se habían introducido en la derrota respecto a la planificación previa. Mi respuesta fue sencilla: me habían parecido muy adecuados y fantásticos. Todos habían sido razonablemente bien planteados, y eran cambios “a mejor”. La planificación de una travesía [como la de cualquier viaje] constituye el “marco” del proyecto, el cual siempre – yo al menos lo he hecho con mucha frecuencia – se va modificando según va transcurriendo la propia travesía, aunque siempre procurando mantener los hitos fundamentales que se habían previsto. En el caso de esta travesía por el Egeo y el Mármara se han cubierto todos, absolutamente todos los hitos importantes, habiéndose sumado otros adicionalmente que no se habían considerado en su momento. Es decir, con cada una de las modificaciones introducidas al plan inicial hemos “sumado” vivencias, experiencia y conocimiento, conllevando un mayor enriquecimiento de uno mismo. Por esto solo cabe estar satisfecho, muy satisfecho de esta travesía en general, y de la derrota seguida en particular.

No me gustaría terminar este blog sin recordar de forma muy especial a Fernando dF, que nos acompañó en la primera etapa, desde Skiathos a Estambul. Fernando fue un excelente compañero de tripulación, y para nosotros fue una delicia el haber coincidido con él a bordo: nos lo pasamos genial [en el lenguaje actual de los jóvenes] con él. Seguro que hubiera disfrutado de la segunda etapa, pero sus obligaciones profesionales no se lo permitieron.

Si tuviera que emplear una única palabra para resumir fielmente lo que ha sido y significado toda esta experiencia para mi es: privilegio. En efecto, ha sido un privilegio el haberla realizado. 

Antes de concluir, dado que ha habido amigos sorprendidos por el detalle con el que he expuesto la información en este blog, quiero presentar el documento que siempre me acompaña en mis travesías, y que me permite reconstruir a posteriori de forma razonablemente bien las distintas singladuras. Se trata de mi cuaderno de bitácora. Desde hace muchos años utilizo un cuaderno de bitácora que tiene un formato muy manejable - el DIN A5 (15 cm x 21,5 cm) – y que me gusta mas que otros que he encontrado en el mercado, ya sean en español o inglés. Además de ese cuaderno de bitácora también llevo otro cuaderno sencillo, normal, en el que tomo las notas en sucio y realizo los cálculos previos, de forma que luego paso todo ello y ya en orden – mas o menos “en limpio” - a ese cuaderno de bitácora. Esto lo suelo hacer o por la noche del mismo día, o al día siguiente lo antes posible, para que el recuerdo sea fiel reflejo de lo acontecido. Aquí presento la imagen de mis anotaciones, en ese cuaderno de bitácora, correspondientes a una de las singladuras, la núm. 22, entre la Marina Levent, en Izmir, y Egri Limani, el pasado 28 de Agosto.


Como puede observarse en esta primera imagen, no hay anotado prácticamente ningún rumbo: esto se debe a que yo anoto las situaciones "observadas" por el GPS, las cuales me permiten posteriormente, si asi lo creo conveniente, establecer cuales han sido los rumbos efectivamente seguidos por el barco. Además esas posiciones del GPS las puedo llevar a una carta – o sencillamente a Google Earth - y reconocer el punto geográfico en el que estábamos a una hora determinada. Para ese reconocimiento de lugares también – sobre todo de fondeaderos o recaladas intermedias - me ayuda la hora en que realizo las fotografías. Por lo demás, sí suelo anotar todos los datos de los distintos parámetros de navegación



A las páginas de la imagen anterior, le siguen otras dos en el cuaderno de bitácora. La primera de ellas está muy centrada en la meteorología - como interesa mucho navegando por el mar del Norte o el Báltico - teniendo dos entradas para informes sobre la situación meteorológica y la previsión de su evolución, además de un pequeño croquis, o mapa, y un espacio para mensajes de estaciones meteorológicas. La segunda página - que es por tanto la cuarta de cada singladura - consiste en un gran espacio para anotaciones sobre acontecimientos, noticias y/o fotografías. Como puede observarse, en la zona dedicada a la meteorología no suelo tomar notas sobre los partes – salvo que sean alarmantes, y por ello relevantes sobre la navegación del día en cuestión – anotando en cambio otras cosas, como p.ej. los menús de la comida y la cena. En la cuarta y última página sí escribo con detalle lo acontecido cada día, en cada singladura, además de añadir alguna vivencia personal. En los márgenes inferiores suelo poner, cuando lo considero necesario, alguna nota adicional sobre alguna idea que me ha surgido ese día, etc.

Por último me gustaría agradecer a todos aquellos que me han hecho llegar sus comentarios sobre este blog, pues su feedback me ha ayudado a seguir “en la brecha”, aportando el mayor número de datos y fotografías posibles.

Ya solo me queda dejar abierto el blog, tanto para su consulta de ahora en adelante, como por si surgiesen “ruegos y preguntas”, o AOB [any other business] como dicen los anglosajones.




Asi quedamos ....

lunes, 29 de septiembre de 2014

Visita a Leros

Antes de hablar sobre esta interesante isla, comentaré que en la mañana siguiente a nuestra arribada a Lakki, trasladamos el Roc Blanc II a una marina situada al norte de la isla. Antes de zarpar, desayunamos en la cafetería que está junto al muelle en el que estabamos amarrados: ¡qué agradable son siempre esos bares a pie de muelle! Eran las diez menos cuarto cuando soltamos amarras, abandonando Lakki y poniendo rumbo Norte.


En los siguientes dia y medio nos dedicamos a recorrer la isla. Esta tiene una superficie de 53 km2 y un perímetro de 71 km. Su población es algo mayor a la de Formentera, y se concentra mas en la costa oriental, que en la occidental. Su capital es Platanos, y Lakki su puerto mas importante. Este es un puerto natural de grandes dimensiones, siendo el mayor y mas seguro del Dodecaneso. Es una isla con mucho verdor, y bonitas playas.


En este puerto ademas de dos marinas para embarcaciones de recreo, existe una base naval y un gran muelle para el ferry que conecta a esta isla con las restantes de la zona.

Lakki se construyó durante los 31 años de ocupación italiana - de 1912 a 1943 -, edificándose con el estilo arquitectónico de "entre guerras", siendo en este sentido una ciudad única en Europa. Los italianos, en su época, también fortificaron la ciudad al igual que muchas otras partes de la isla.



Leros - como todas las islas del Egeo - ha pasado por diferentes dominaciones a lo largo de su historia, habiéndose encontrado también restos prehistóricos. En la época helenística tuvo mucha relación con Mileto, por el origen de sus pobladores. Posteriormente pasó a manos bizantinas, y en el S. XIV al dominio de los caballeros de la Orden de S. Juan. Mas tarde fue ocupada por los turcos, quienes la retuvieron hasta 1821 año en que pasó a ser griega. Nueve años después fue intercambiada a los turcos por la isla de Eubea, cercana a Ática, y por tanto al continente griego. Y ochenta y dos años mas tarde, a principios del S. XX, cambió de nuevo de manos, pasando a ser italiana, quienes la retuvieron hasta finales de la II Guerra Mundial. Desde 1948 pertenece a Grecia.


En la actualidad Leros tiene una importante población flotante - turistas, muchos de ellos navegantes - de procedencia italiana, francesa y escandinava. La presencia de los escandinavos se debe a que en Leros se rodaron muchas escenas del musical "Mamma mía", con el grupo ABBA. Por ello, son numerosos los aviones que llevan turistas del norte de Europa al pequeño aeropuerto de la isla.


Al igual que sucede con otras islas griegas, en ésta existen muchos rincones con especial atractivo. Pero también es cierto que las fotografías aqui obtenidas tienen gran similitud con muchas otras de parajes griegos semejantes, y que ya todos hemos visto repetidas veces. A pesar de ello, a mi no dejan de fascinarme las vistas que presentan esas fotografías, quizás por haberlas captado yo mismo.


Hay una ensenada - Pandelli - que durante el día resulta muy agradable, pero que por la noche tiene un encanto especial: en sus tabernas preparan maravillosamente el pescado, que diariamente es traído por los pescadores de la isla.


Estas tabernas tienen terrazas pegadas al mar y a las que se llega desde tierra, o en un bote desde cualquier barco fondeado en la misma rada. Nosotros aquella noche cenamos un pulpo muy bien preparado - lo que no es muy frecuente en Grecia, ya que lo suelen "torrar", quedando muy duro - y un delicioso sargo, también estupendamente cocinado. Y como siempre, con vino blanco "de la casa".


Como se muestra en la fotografía, en la orilla hay chinchorros con los que los tripulantes de esos barcos fondeados a unos metros - en la orilla no hay apenas calado - se acercan a las tabernas a cenar.


El último día de mi estancia en Leros - mi avión a Atenas salía ese día a primera hora de la tarde - subimos al castillo de Platanos, de origen bizantino. El camino de subida lo hicimos por el interior de una población, y gracias a que el coche era pequeño pudimos pasar por algunas de las callejuelas de esa población. Dudabamos de que fuera el único camino de acceso al castillo, pues por ahi no había sitio para dos coches, uno de subida y otro de bajada. Mas tarde pudimos comprobar que habíamos escogido el camino menos frecuentado de los dos existentes. Era un camino con bastante encanto, pero tremendamente estrecho.


En la cúspide de la montaña se encuentra el castillo, que tiene unas impresionantes vistas sobre toda la isla y sus bahías.



Y desde el que también se puede ver la costa turca.



Como suele suceder, ese es un sitio estratétigico, de forma que desde él se pueden detectar de forma rápida posibles ataques de flotas incursoras.


El azul de las aguas de Grecia - ya lo hemos señalado repetidas veces - es un azul intenso precioso, inigualable. Y el contraste de ese azul con el blanco de las casas genera una sensación muy tranquilizadora, de paz y sosiego. Las imágenes incluso tan lejanas como estas resultan, asi, muy relajantes.


En el castillo recorrimos todo el recinto, de todos los niveles, hasta la misma torre. Y también entramos en el pequeño museo eclesiástico que existe en una de las estancias. Junto a él existe una pequeña y bonita capilla ortodoxa, adornada con sus típicos iconos, y que no hay que dejar de visitar.


Tras esa visita al castillo bajamos a Lakki, a tomar un refresco, y en el snack-bar nos encontramos con Jose y Lis, los dos amigos españoles que todavía no habían zarpado rumbo a Samos. Allí estuvimos charlando un rato largo con ellos, hasta que llegó la hora en que Jaime me iba a acercar al aeropuerto.



Faltaban algo mas de dos horas para la salida del vuelo, y mi intención era hacer el check-in lo antes posible para facturar - y abandonar asi - mi bolsa de viaje de 22,8 kg de peso. Al llegar al aeropuerto acababa de llegar la joven del mostrador de Olympic Airlines, encargada de hacer el check-in y la facturación de equipajes. El check-in desde Leros no se puede hacer previamente por internet [aunque yo ya tenía hecho el del vuelo Atenas-Madrid], debiéndose esperar a que llegase el policia de seguridad del aeropuerto. Este llego cuando faltaba una hora para la salida del avión, ¡trayendo consigo a su rubita hijita de 3 años (aprox)! La sentó en la silla del escaner y él se puso a mirar la pantalla mientras pasaban todos los equipajes, ya fuera a facturarse o a llevar en cabina. Despues de pasar esos equipajes por ese primer escaner, se podía ya hacer el chek-in. Cuando estuvo completo del check-in de todos los pasajeros, se pasó a la sala de espera,para lo cual se volvían a pasar por otro escaner los bultos de mano que se iban a llevar en cabina [y que ya habían pasado por el anterior escaner].  Por supuesto, ¡la niña del policia estaba de nuevo sentada en la silla del segundo escaner!, acompañando a su padre en el trabajo. Es una forma peculiar de compaginar familia y trabajo. Grecia es asi....

domingo, 28 de septiembre de 2014

Singladura num 28. El Roc Blanc II arriba a Leros

Tal como acordamos anoche, hoy nos hemos levantado pronto para zarpar de Bodrum antes de las 7 h. Eran exactamente las 6.45 h cuando hemos levado ancla, en pleno crepúsculo del sol. El objetivo era estar en Turgutreis a las 9 h para poder hacer lo antes posible el despacho de salida de Turquía. A las 8.30 h nos abordaba la zodiac de los marineros de la marina de ese puerto, y al indicarles que ibamos a realizar la operación con la autoridad de marina, nos han dicho que nos abarloásemos al muelle en la estación de servicio.


Justo detrás del edificio de la ES están las oficinas de la autoridad portuaria, policía - para control de pasaportes - y sanidad. Son las oficinas que dan servicio al ferry que va desde esta población turca hasta la vecina isla griega de Kos. Nada mas amarrar, saltamos a tierra con la documentación del barco y los pasaportes de cada uno de nosotros. Había bastante cola para pasar el control de policia, y nos colocamos en ella junto a los pasajeros que iban al ferry de las 9.30 h - supongo que esa era la hora de salida, ya que a las 9 h todavía seguían entrando personas para pasar ese control de pasaportes -. Al llegar a la cabina del policía y decirle que no ibamos al ferry sino a hacer el despacho de salida de un barco, nos dijo que esperaramos a un lado para hablar con el capitán del puerto. El Harbour-master llegó un poco después de las 9 h, haciéndonos pasar a su despacho. Allí nos pidió la documentación diciéndonos que en Turgutreis había cuatro agentes que se encargaban de ese trámite, preguntándonos a continuación cual de ellos preferíamos. Puesto que había que pagar a un intermediario solo por recoger tres sellos en otros tantos despachos de ese mismo edificio, dijimos que el mas barato. Él mismo llamó a ese agente, pero nos advirtió de que tardaría unos veinte o treinta minutos. Esto a nosotros no nos importó. En el tiempo que transcurrió hasta que él consiguió hablar por teléfono con dicho agente, nos dijo que había estado en Sevilla, subiendo con un barco el Guadalquivir, y que ésto le había encantado. También nos dijo que a los turcos los españoles les caemos muy bien, contrariamente a lo que pasaba con griegos, italianos o franceses. Este fue un comentario muy agradable de escuchar, y seguro que esa opinión contribuyó a que este hombre nos ayudase en los trámites de salida. A continuación nosotros nos fuimos al barco a esperar tranquilamente, además de desayunar, ya que en Bodrum solo habíamos tomado unas galletas con zumo de naranja.



El agente contactado no tardó, naturalmente, ese tiempo que nos había dicho el capitán del puerto. Cuando nos avisaron para ir de nuevo a las oficinas - tres cuartos de hora después de hablar con el harbour-master -, el agente ya había realizado todas las gestiones, devolviéndonos el transit log - el documento que en la terminología marítima española se llama "pasavante" (supongo que un acrónimo de "pasar" y "avante") - y nuestros pasaportes. En ese momento, nos dijo que ya "estabamos fuera de Turquía", y nos acompañó al barco para cobrar sus honorarios fuera del "territorio oficial". Entonces nos pidió una cuantía en liras turcas por sus servicios de intermediación que superaba el efectivo que teníamos en esa moneda: solo teníamos el 90% de aquella cuantía. A él le pareció suficiente esa proporción, y así quedó el tema. Por supuesto, él no entregó ningún recibo o factura por el dinero que había cobrado. Como siempre pasa en estos casos, a mi me quedó la duda sobre qué hubiera pasado si en lugar del 90% solo hubieramos tenido el 75% de la cantidad que él nos había pedido. Yo creo que, muy posiblemente, se habría quedado igual de satisfecho con el negocio realizado.

Eran las 10.35 h cuando soltamos amarras de la marina de Turgutreis, rumbo Kalimnos, una isla griega justo al Oeste de dicha población turca.



Dos horas después entrabamos en Palaio Bay, una profunda cala, en la que hay dos tabernas al final de ella. Cada una de dichas tabernas tiene boyas propias - unas son blancas y otras rojas - para que puedan


amarrar en ellas los barcos con turistas que acuden a ellas a comer o cenar. Esta es una cala situada no muy lejos de la isla de Leros, por lo que seguro que muchos barcos de esa isla - o incluso de la costa turca - vienen a estas tabernas. Sin parar en esta cala, continuamos costeando por la isla, entrando en otra rada, mas al Norte, y en la que sí fondeamos. En la entrada a esa cala vimos, desde el mismo barco, la boca de una gruta que tenía estalactitas. Debe ser una isla interesante para espeleólogos.

Poco antes de la una y media echamos el ancla en esa cala, y quitamos motor. Allí también estaba fondeado otro velero, con pabellón noruego. Y en la orilla, al pie de la montaña un grupo de jóvenes se preparaban


para escalar la pared. Nuestra comida ha sido rápida, y antes de la hora ya levamos ancla y zarpamos hacia la Marina Lakki, en Leros, el destino final de esta travesía a bordo del Roc Blanc II.


Eran las 15.45 h cuando amarramos en esa marina, habiendo concluído asi la última singladura de la travesía.


Después de realizar Jaime los trámites de entrada en el puerto, nos fuimos a una cafetería - un snack-bar - que hay allí mismo, y en el que estaban unos amigos españoles. Estos pensaban zarpar en sus barcos - uno de ellos navega en solitario y el otro matrimonio en el suyo - en las siguientes horas. Estos navegantes españoles dejan, desde hace unos años, sus barcos en esta isla durante el invierno.Y cuando tienen


vacaciones vuelan hasta aqui para navegan por las islas griegas. Despues de una agradable charla con ellos, nos fuimos nosotros al barco a empezar a recoger las cosas, y estibar velas, zodiac y motor fuera borda.

Por la noche nos fuimos a cenar a una taberna del paseo marítimo de esta población - Lakki -, siendo un acierto la taberna escogida. Un buen filete de atún y un steak Angus constituyeron los platos principales de esta cena, acompañados por una típica ensalada griega, vino blanco de la casa, y la clásica sandía de postre.

Como acabo de decir, con esta singladura termina mi travesía en ese magnífico velero, el Roc Blanc II. Mañana y parte de pasado mañana - antes de tomar mi vuelo de regreso - lo dedicaremos a hacer un poco de turismo por la isla, isla que merece la pena conocer. Y en la siguiente entrada de este blog hablaremos precisamente de esta isla.

Singladura num 27. Rumbo Bodrum, la antigua Halicarnaso

Lo que inicialmente se planificó como una larga singladura entre Kusadasi y Bodrum se ha convertido en tres pequeñas singladuras en las que hemos podido conocer un puerto muy agradable - Agathonisi - y un fondeadero precioso, como Paradise Bay. Hoy nos quedaba la tercera singladura hasta Bodrum.

En Paradise Bay, la noche ha sido muy tranquila, como ya esperábamos. El barómetro sigue, a las 9 h, en su nivel mas bajo - 995 mb de presión atmosférica -, teniendo un 50% de humedad relativa y 25º C de temperatura ambiente. Como la singladura de hoy era corta no hemos tenido prisa para levantarnos. A esa misma hora - las nueve en punto -, levamos ancla, e intentamos ajustar el windex dentro de la misma cala. Sin embargo, no hay viento suficiente para ello, por lo que no tenemos mas remedio que posponer este ajuste para mas tarde, cuando se levante el térmico del día.


Pusimos rumbo 230º - que hemos tenido que ir variando para sortear las decenas y decenas de piscifactorías que hay en este golfo de Güllück - al arrumbar a la costa Norte de la península de Bodrum. Como ya hemos escrito anteriormente, Turquía tiene un enfoque productivo muy industrial, lo que se


traduce, en este caso, en explotaciones muy bien organizadas, con grandes plataformas de control de las almadrabas, y todos los parámetros - ph, temperatura, etc. - que inciden en esta actividad "ganadera".


Al estar la mar en calma hemos podido ver con mucha tranquilidad como hacían esas faenas recolectoras de pescado a lo largo de este amplio golfo.

Poco antes de las once y media el viento ha ido entrando, y hemos podido ajustar el windex. Al no ser el viento muy intenso, también hemos podido aprovechar la ocasión para sacar la mayor y enrollarla de nuevo bien, ya sin arrugas. Esto nos permitirá izarla cuando el viento sea el adecuado.

Hoy se han visto muchos delfines, pero actuando de forma diferente a lo habitual: hoy estaban muy centrados en una zona concreta del mar, saltando fuera del agua como yo nunca los había visto. Debían tener un banco de peces en esa posición, y saltaban para volver a sumergirse sin moverse de la zona.


Ya en otras ocasiones - cerca de Egri Limani, por ejemplo - habíamos visto delfines en las inmediaciones de piscifactorías, pero no sé si en el caso de hoy se habría roto alguna red de las almadrabas - lo que suele suceder de vez en cuando - y los peces escapados de ella todavía seguían juntos, sin haberse dispersado lo suficiente. El caso es que los delfines estaban "como locos" con su pesca.


Al acercarnos a la península de Bodrum pensamos en costear un poco para ver su costa. En primer lugar


entramos en una amplia ensenada en la que había bastantes resorts turísticos. Eran resorts con buenas instalaciones, tanto a nivel del agua - con plataformas de sombrillas y tumbonas, y de restauración -, como ascensores para eliminar el problema del gran desnivel existente entre la zona residencial y el mar. En esa


rada había también bastantes barcos fondeados, además de una marina, sin duda con buenas instalaciones. Es la cara glamurosa de esta costa. Al doblar una punta, un pequeño cabo, se veía el Wreck Rock, un farallón con una curiosa forma que se asemeja a la de un pecio. En éste hay una luz, ya que es un lugar peligroso para la navegación nocturna.

A continuación entramos en una cala al final de la cual había una pequeña playa. Allí fondeamos, pues el fondo era de arena y algas, para darnos un buen chapuzón y comer. Estabamos solo un par de millas alejados de la ensenada anterior - aquella con buenas instalaciones hoteleras y náuticas -, y nos encontrabamos de nuevo con la cara oscura de este país: esas playas en las que las mujeres se bañan - mejor dicho, se mojan - totalmente vestidas con sus chilabas. Esto me lleva [de nuevo] a la reflexión acerca de la "burbuja del primer mundo" en el que habitamos - aunque algunos quizás solo estemos en el "1º bis" -, sin apreciar el gran privilegio que tenemos por vivir en él. No es mas de un 7% la proporción de la población mundial que vive, realmente, en ese llamado primer mundo, y en el que nos encontramos con grupos sociales, amplios grupos sociales, que en lugar de construir y unir fuerzas para avanzar, tienen una actitud "social" que parece estar guiada por una especie de "tanathos", social y cultural, marcado por ley de


la entropía. La ley de la desorganización, de la separación. Es la regresión, en su expresión social. Que duras son - para nuestra foma de entender la vida - las imágenes de esas mujeres.

Este será nuestro último baño en aguas turcas. Después del chapuzón, pasamos a la comida, que hoy ha sido: ensalada mixta mallorquina, arroz a la milanesa, vino tinto, fruta y café con Metaxa. Era un buen momento para descansar, y solo después de casi tres horas en ese fondeadero hemos levado ancla. En ese camino hacia Bodrum, rodeando su península, hemos pasado a las 17 h por delante de la marina de Turgutreis, una población muy turística.


Una hora y cuarto después entrábamos en la gran ensenada de Bodrum, en la que destaca el castillo de San Pedro, con gran historial durante las Cruzadas. Bodrum - la antigua Halicarnaso - es un puerto en el que se pueden hacer los despachos de entrada y/o salida de Turquía, y esta era la razón para arribar en él. Lo primero que hicimos fue dirigirnos al muelle en el que esta la aduana. En el lado de levante había un hueco entre dos veleros, y preguntamos a un marinero que iba en una zodiac si se podía amarrar allí, ya que

necesitábamos hacer "custom operations". Ese marinero no hablaba inglés, asi que tuvimos que esperar a que fuera a recoger a otro en el muelle y regresara con la zodiac hasta donde estabamos. Este segundo marinero nos preguntó si esa operación en la aduana era para entrar o para salir del país, y al conestarle que era de salida - es decir, eramos insiders - nos djo que sí, que podíamos atracar en ese punto. A continuación nos pregunto si teníamos dinero - curiosa pregunta -,dandonos un precio en USD, ni € ni LT. Este precio nos pareció desmedido para un atraque a pie de calle, por muy paseo marítimo que fuera. Llamamos entonces por radio a la marina que hay en Bodrum, y nos dijo que ellos si tenían punto de amarre disponible. Al pregutarles si ellos podían organizar los trámites del despacho de salida, nos dijeron que no, que teníamos que contratar un agente, agente que ellos no proporcionaban. Lo siguiente fue llamar al teléfono del Harbourmaster de Bodrum que venía en el Pilot, y una amable mujer nos indicó que, dada la hora que era, teníamos que llamar a un teléfono que ella misma nos dió, pero mañana a partir de las 9 h.


Con esa información, decidimos que había que pensar como hacer ese despacho de salida, y al estar anocheciendo no podíamos perder mas tiempo. Una vez localizado un buen sitio en la rada, fondeamos inmdiatamente. Esta rada estaba plagada de barcos fondeados, y nosotros nos situamos bastante cerca del castillo de San Pedro.


Las opciones par hacer aquel despacho eran dos: la primera esperar en Bodrum hasta las 9 h - hora que seguramente sufriría un cierto retraso - para contactar a un agente, e iniciar los trámites. La segunda era ir a Turgutreis en cuya marina, según el Pilot, había una oficina de la autoridad portuaria en la que se gestionaba dicho trámite. Y Turgutreis estaba en nuestra ruta hacia Leros. Pensamos que en un pequeño puerto ese trámite se haría de forma mas rápida que en una gran ciudad, en cuyo puerto seguro que habría mas de un barco a la espera de su despacho de entrada y/o salida. Dado que desde Turgutreis hasta el fondeo en Bodrum habíamos tardado mas de hora y media, decidimos levantarnos mañana pronto para estar a las 9 h en su marina, e iniciar allí ese trámite.

Ese era el plan para el día siguiente.


sábado, 27 de septiembre de 2014

Singladura num 26. El Roc Blanc II rumbo a Paradise Bay

A la hora de desayunar el puerto de Agathonisi ya se había despejado un poco. Varios de los veleros que estaban anoche en esta acogedora isla habían partido hacia sus nuevas recaladas. El desayuno fue en cubierta, como era costumbre.


Despues de recoger lo del desayuno, y limpiar platos y cubiertos, nos preparamos para zarpar. Nos despedimos de los tripulantes del catamarán, que también habían desayunado en su bañera, y largamos amarras. Eran las 9.20 h, y diez minutos mas tarde, ya una vez fuera de la rada, izamos génova. El viento era del Norte y fuerza 3, y la mar apenas marejadilla.



Hoy sí arrumbamos a la costa turca, por lo que poco después de dejar la isla a popa quitamos la bandera griega del obenque, y desplegamos la turca. La vela la mantuvimos dos horas, tras las cuales metimos motor ya que nos acercábamos al cabo Tekagac, cerca del cual pensábamos fondear. Hoy teníamos tiempo, asi que buscamos una ensenada que estuviera a resguardo. Al ser la costa baja, el barco no iba a librarse del viento, pero pretendíamos que al menos fuese un lugar en el que entrase poca ola, pues la mar iba subiendo.


La fotografía de oleaje no suele reflejar nunca bien la altura de éste, lo que está motivado por dos aspectos: el primero, el punto desde el que se hace la foto - normalmente, en un velero, a unos 3 m sobre el nivel del mar -, y el segundo que al ser azul, o verde, el color del agua, éstos tonos apenas excitan la pupila. Por todo ello, la mar fotografiada parece mas plana de lo que en realidad es. El primer problema lo intenté resolver haciendo la foto a través de uno de los portillos, situado mas cerca de la línea de flotación. El segundo es irresoluble, salvo que en el agua hubiera habido un objeto - baliza, etc. - de color de rojo o anaranjado.

Eran pasadas las doce y cuarto cuando fondeamos en una amplia ensenada mas bien tranquila, aunque la ola seguía entrando. Nos prepamos para tomar un aperitivo - a base de queso, salchichón, quelitas con sobrasada de Mallorca y patatas fritas, y claras de cerveza -, para después pasar a comer. Hoy la comida ha sido mas ligera dado que habíamos tomado un buen aperitivo.



Eran las tres cuando arrancamos el motor, para pasados quince minutos volver a izar el génova de nuevo.


Al aproximarnos al cabo Kapali, recogimos la vela y navegamos ya a motor: estabamos entrando en la gran ensenada de Kazikli. Ibamos a buscar una cala rodeada de altos pinos, que resulta paradisiaca. Por ello recibe el nombre de Bahía Paraiso, o Paradise Bay. Arribamos a ella a eso de las 17.20 h, fondeando inmediatamente sobre un fondo a 4 m. En ese momento había varios barcos fondeados, dos de ellos turcos - uno con bandera americana de conveniencia - cerca de la orilla y ambos con línea a tierra. Sin duda para una estancia de varios días.


No muy lejos de nuestra posición estaba el Nepenthe, un barco americano de Michigan, cuyo capitán salió a darnos la bienvenida. La vista de esta pequeña bahía era impresionante, y respondía al nombre que se le había dado. Es una cala que se encuentra en una completa sombra tecnológica, sin cobertura alguna de telefonía, siendo así un lugar perfecto para aislarse del mundo. La distancia a Bodrum en línea recta era de unas 17 millas, o sea unos 31 km, pero no había antenas de telefonía en su proximidad. La tarde la pasamos tranquilamente, leyendo y consultando la carta.


Al anochecer, por efecto de una rolada del viento, los barcos bornearon y el Nepenthe llegó a estar a solo 3 m de nuestra popa. Su capitán salió alarmado a cubierta y nos pidió insistentemente que cambiaramos de posición, por ser nosotros los que habíamos fondeado después que ellos. Decía que había largado 40 m de cadena, pero parecía que era una longitud insuficiente. Yo creo que su cadena no debía tener el peso adecuado, a parte de que al haber largado tanta, al bornear el barco éste se alejaba del punto de fondeo. Era un hombre que estaba muy preocupado con lo que pudiera pasar por la noche, e insistia en que movieramos el barco de posición. Ya era de noche cuando levamos ancla, para fondear unos 30 m mas en el interior de la cala, donde el fondo estaba a 3 m.

La noche fue muy, muy tranquila. Solo se oían los vuelos nocturnos que salian del aeropuerto de Bodrum rumbo Norte.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Singladura num 25. II. Navegando por aguas griegas

Lo primero que hice al llegar de la excursión a Éfeso fue darme una larga ducha, de forma que me quitara el calor del cuerpo. Y lo segundo, beberme mas de 1 litro de agua fria. En promedio, diariamente nos hemos bebido casi 3 l/persona de agua - agua embotellada, ya que el agua de los depósitos del barco se han empleado para duchas, limpieza, etc. - durante toda la travesia. Aparte de vino, cerveza o refrescos.


A las 12.45 h hemos soltado amarras, tras esperar un cuarto de hora a que viniera un empleado del puerto a recoger el conector para la columna de luz del muelle. Una vez doblada la baliza situada al Oeste de Güvercin Adasi - la isla de la paloma -, izamos génova y  navegamos rumbo 240º con viento del Norte y fuerza 3 y mar llana.


A las 14.40 h, al entrar bajo el influjo de la isla griega de Samos, por cuyo canal ha de pasarse forzosamente, hemos tenido que arriar la vela y meter motor, pues el viento era insuficiente. Entre tanto ya habíamos cambiado la bandera de cortesía, desplegando la griega en lugar de la turca, la cual quedó cuidadosamente enrollada en el mismo obenque. La idea era fondear en una cala de Samos, lo que significaba que habíamos entrado en aguas griegas. Y eso hicimos, exactamente en Ormos Posidonion, una cala con aguas increiblemente azules. Al ser amplia esa cala aun habíendo mas veleros fondeados en ella, todos estabamos cómodos.


Después de comer permanecimos allí hasta que poco antes de las cinco de la tarde, viendo como entraban y salían de la cala grandes barcos turcos totalmente llenos de turistas, barcos cuyo puerto base es Kusadasi.



A esa hora - las 16.50 h - en que levamos ancla, para dirigirnos a otra isla griega, situada mas al Sur: Agathonisi. Esta es una pequeña, pero muy acogedora isla.


La duda que habíamos tenido era si volver a la costa turca, ya que no estábamos lejos del antiguo golfo de Latmos - donde estaba la ciudad de Mileto -, o ir a Agathonisi. Nos decantamos por esta segunda opción ya que la costa turca donde antiguamente estaba el golfo de Latmos esta llena de marismas: éstas han cubierto de tierra aquel golfo, que ha desaparecido con el transcurso de los siglos. Y nosotros ya habíamos tenido una mala experiencia con ese tipo de fondos próximos a marimas. Abandonábamos asi la oportunidad de visitar las ruinas de Mileto, pero por lo leido en esos momentos a bordo, antes de tomar la decisión sobre la recalada nocturna del día, no parece que queden grandes ruinas de aquella antigua ciudad.

La navegación una vez salidos del resguardo que proporcionaba Samos, ha sido incómoda, pues viento y ola eran del Oeste, y crecientes ambos hasta llegar a fuerza 5 a 6 el viento, y la mar a fuerte marejada.


A las ocho menos cuarto, en los primeros momentos del crepúsculo, entramos en la rada al Sur de la isla. En ella había varios veleros fondeados y con líneas a tierra, ya que seguía soplando el viento, incluso dentro de la rada, ademas de entrar algo de ola en ésta. Habían asegurado bien así su fondeo.

En el muelle del pequeño puerto "no cabía ni un alfiler" mas, por lo que Jaime me preguntó como veía yo el ir en el bote - a remo,logicamente - a una de las orillas para amarrar allí un cabo que fuera luego a popa. Yo, la verdad sea dicha, no me veía en ese momento con la capacidad necesaria para ello, dadas las circunstancias de luz y viento, fundamentalmente. Rapidamente, Jaime tomo la decisión de abarloar el barco a un catamarán que estaba en el muelle del ferry. Y asi hicimos.



Se trataba de un catamarán con pabellón neozelandés, pero en el que iban dos matrimonios amigos, uno de Basilea (Suiza) y otro de Toronto (Canada). En cuanto nos vieron llegar, se aprestaron muy amablemente a ayudarnos en la maniobra, asi que cuando estuvimos a su costado, les largamos dos amarras, una a popa y otra a proa, amarras que ellos fijaron a sus cornamusas. También nos dijeron que quitarían inmediatamente la ropa que tenían colgada en los quitamiedos de estribor, pero les dijimos que, por nosotros, eso no era necesario.


Media hora después de arribar nosotros, la patrullera griega del guardacostas, que tiene su base en este puerto, y que estaba amarrada al muelle, salió a la mar, a hacer su ronda nocturna. Cuando llego la hora de cenar nos fuimos, pasando por la cubierta del catamarán a tierra, a buscar alguna taberna. De hecho nosotros deberíamos haber permanecido a bordo sin pisar tierra, ya que esto (teóricamente) no lo podíamos hacer puesto que no habíamos hecho el despacho de entrada en Grecia. Pero allí eso parecía no importar a nadie.

La primera taberna por la que pasamos estaba totalmente vacía, asi que seguimos hasta la siguiente. En ésta debían estar todos los lugareños y todos los turistas, navegantes o no, de la isla. Era la Taverna George. Estaba clara nuestra decisión, así que nos  sentamos en una de las dos mesas que todavía quedaban libres, bajo la parra a la entrada, y justo al lado de la mesa de los cuatro tripulantes del catamarán. La cena estuvo compuesta por queso feta al horno, beef stofato y pudding, todo ello con una jarrita de vino blanco de la casa. Como curiosidad, comentaré que la medida de la cantidad de vino de dicha jarrita, según la carta de la taberna, era 0,5 kg - eso es, medio kg, no medio litro -. Pero no era el tema tan importante como para preguntar por tan peculiar unidad de medida de volumen ...

Al terminar la cena, en el muelle y antes de subir a la cubierta del catamarán pedimos el pertinente "permiso para subir a bordo", a lo que los cuatro tripulantes no solo accedieron [faltaría más] a ello, sino que nos ofrecieron una copa de whisky. Jaime prefirió obsequiarles con un excelente licor de hierbas mallorquín, que nos gustó mucho a todos. Y asi estuvimos charlando muy agradablemente un largo rato, antes de retirarnos a descansar a nuestro barco.