Para evitar el
calor de media mañana en la visita a Pérgamo, anoche decidimos que hoy saldríamos en el autobús de las
ocho, de forma que pudiésemos estar en la acrópolis de Pérgamo una hora después. Siguiendo la indicaciones del matrimonio inglés del velero vecino, teníamos entre veinte y treinta minutos andando hasta la estación de autobuses. Por ello, nos levantamos temprano y después de desayunar – yo poco por estar a
dieta forzosa -, nos pusimos en marcha saltando al muelle a las 7.30 h. La
primera sorpresa que nos encontramos fue que la salida del muelle estaba
cerrada por una verja, bajo llave. Y cerca de esa verja solo había un hombre que
limpiaba las mesas del chiringuito pegado al muelle. Le hicimos señas y
entendió claramente que necesitábamos salir de allí, asi que fue a buscar las
llaves, y nos abrió. Eran las 7.40 h, por lo que teníamos que ir a buen paso si
queríamos coger ese autobús de las ocho. Al llegar a la estación, fuimos a
la taquilla pero ahí no expenden billetes, dándonos a entender que nos
cobrarían en el mismo autobús. Cuando el autobús – un minibús, realmente –
estuvo lleno, partió, y ello con una puntualidad que nos sorprendió. Una vez en
marcha, tras salir de Dikili, el hombre que estaba al lado del conductor se
levantó y fue pasando por todo el autobús cobrando a cada pasajero las 5 liras
turcas del viaje entre ambas ciudades. Por supuesto, no dio ningún ticket a cambio. Al llegar a Bergama no sabíamos
donde nos teníamos que bajar, y fuimos hasta el final de la línea del autobus, hasta su última parada.
Esto hicimos, aunque observamos que podíamos habernos bajado diez minutos antes, ganando tiempo, ya
que el recorrido del autobús hace un “bucle”, pasando dos veces por algunas
calles de la ciudad.
En ese lugar, cogimos un taxi hasta la base del telecabina que sube al pie de la
acrópolis. La subida en estas cabinas es cómoda, balanceadas ligeramente por el viento que soplaba del Este.
En la acrópolis nos tomamos el tiempo necesario para ver todo
con calma. El recinto es impresionante, no solo por la amplitud, sino
también por la altura sobre la llanura - unos 335 m - a la que está. Debió ser una obra ingente
la desarrollada para construir los distintos palacios,
templos, teatro, librería, ágora, etc., teniendo en cuenta la necesaria subida de los materiales hasta la cumbre de la montaña.
Y debía
ser tremendamente impactante la visión de esta acrópolis desde la llanura – la
actual ciudad –para cualquier visitante que llegaba a Pérgamo y tenía que subir
hasta esa ciudad alta. Todavía mas impresionante debía ser el ver en la cúspide el Altar de Zeus - que desde finales del S. XIX en el Pergamon
Museum de Berlin - situado sobre la cara Sur de la ciudad. Toda ella debía ser una visión única, grandiosa, transmisora de una imagen de ciudad absolutamente poderosa.
Los distintos edificios están muy bien documentados, sin duda producto de una buena organización arqueológica. Y todo el recinto está bien protegido, con cuidadosas vias de acceso a los diferentes lugares. Es enorme el trabajo a desarrollar todavía en esta acrópolis, y como ya hemos visto en otros lugares –
Samotracia, Troya, Assos -, los arqueólogos tienen trabajo asegurado para
muchísimos años.
Por otro lado, como esta acrópolis se fue construyendo a lo largo de varios siglos, existen diferentes estratos correspondientes a épocas históricas diferentes, unas mas interesantes - a nuestro entender - que otras. Desde luego las épocas helenística y romana son, en mi opinión, las mas ineteresantes. Parece ser que en esta ciudad se emplearon enfoques arquitectónicos novedosos, como
por ejemplo, las amplias calles o vías, que aqui existen.
El teatro de esta ciudad alta es una de las construcciones mas impresionantes, tanto por su gran capacidad - para 15.000 espectadores -, como por su ubicación, en la ladera occidental de la montaña. Impacta la visión que hay - tanto del escenario, como de la llanura, en la que está Bergama - desde sus galerías mas altas.
El escenario tenía las dimensiones acordes con ese enorme graderìo, capaz de acoger miles de personas, y cuando esté totalmente reconstruido será un magnífico lugar para grandes representaciones, con amplias escenografías.
Por otro lado, hay construcciones relacionadas con esta acrópolis pero que estaban dispersas por sus proximidades, como es el caso del acueducto que traía
agua a esta ciudad, y está situado en la base de la montaña.
Al
terminar de ver toda la acrópolis, bajamos de nuevo con el telecabina, surgiendo
en ese momento el problema del desplazamiento hasta la ciudad, propiamente dicha, ya que en ese
lugar no había taxis. Jaime hizo “auto-stop” al coche de una pareja de italianos
con los que nos habíamos cruzado varias veces durante las ultimas dos horas. Este matrimonio nos llevó amablemente hasta la Red Hall, esa antigua basílica dedicada a los
dioses egipcios.
Actualmente, este templo está
totalmente en ruinas, por lo que nuestra visita fue rápida. Al salir – por una
puerta atrás, la puerta de acceso de los obreros de estas ruinas
- preguntamos a unos hombres por el Asklepeion, y si bien primero nos dijeron
que estaba a 400 m, inmediatamente corrigieron el error lingüístico para
decirnos que la distancia era de 4.000 m, es decir, cuatro kilómetros. No había
mas alternativa que coger otro taxi, y asi hicimos para no perder mas tiempo.
El Asklepeion era un centro muy completo de tratamientos médicos, construido en honor de Asclepio, o Esculapio,
el dios de la medicina. Tenía instalaciones específicas para cada tipo de tratamiento. Y eran diversas las técnicas terapéuticas empleadas, entre las que parece incluirse también la interpretación de los sueños. Es un centro famoso por haber trabajado Galeno en él.
Como emplazamiento arqueológico tenemos que está relativamente bien conservado, aunque sin duda precisará de largo tiempo hasta que se completen los trabajos arqueológicos, de excavación y restauración, necesarios.
Al igual que en muchos lugares del mundo, en este recinto existe una fuente
“santa”, milagrosa, una fuente de aguas con propiedades medicinales, que en este caso parecen
ser propiedades radioactivas, según he leído a la vuelta de la travesía.
Y como no podía faltar, existía un gran espacio destinado a las representaciones teatrales: el teatro. Es interesante señalar la importancia que en la antigüedad tenía el arte escénico, existiendo grandes teatros en las ciudades y centros culturales.
Fue una visita muy interesante, que - al igual que la acrópolis - merece la pena visitar con tranquilidad, con tiempo.















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