jueves, 18 de septiembre de 2014

Singladura num 18. Visita a Assos

Tras desayunar, a las 8.30 h hemos botado la zodiac y diez minutos mas tarde la dejabamos sobre la playa, camino del lugar donde estaba aparcado un taxi. Al negociar con el taxista, un hombre de mediana edad, el viaje a Assos nos parecieron razonables las 20 liras turcas - unos 7 € - que pedía por ese recorrido de 6 km, y cuesta arriba. Sin embargo, al decirle - siempre por señas, y mostrando billetes turcos como medida del dinero a negociar -, que queríamos ir a Assos, que nos esperara allí 30 minutos, para despues llevarnos al antiguo puerto y traernos a continuación de vuelta a la playa, nos pidio 100 liras, le dijimos que no, que solo 40, pues el viaje solo era un poco mas del doble que el subir hasta esas ruinas. Y lo aceptó.


Asi que a las nueve llegamos al recinto de esa antigua ciudad, cuyo mayor auge fue en el S.IV aC, en tiempos del tirano de Hermias, discípulo de Platón, que lo convirtió en un gran centro cultural. Además de otros discípulos de ese pensador, Aristóteles fue uno de los invitados ilustres de esta ciudad, donde casó con Pitia una sobrina del tirano, y con la que tuvo una hija. En esta ciudad vivió unos tres años, antes de huir a Lesbos al atacar los persas la ciudad. En Behram Kale se dice que Aristóteles murió en la ciudad, pero esto no coincide con otras fuentes históricas mas rigurosas y fiables sin duda alguna.


En una carretera de acceso a Assos se encuentra el que se señala como el sarcófago de Aristóteles.


La importancia de esta ciudad radicaba en su puerto, puerta de entrada de numerosas mercancias al continente, que evitaba el paso por los estrechos de Dardanelos y Bósforo, de complicada navegación por sus corrientes, y vientos de componente norte. En la acrópolis esta el templo de Atenea, al igual que en otras polis del periodo helenístico. En la ladera de la colina - que parece ser un antiguo volcán - existían distintas edificaciones, como el teatro, el ágora o el gymnasium. Desde luego, hay una ingente tarea


arqueológica realizar en este lugar, con tantas ruinas por aflorar, catalogar y ensamblar, pero sin duda es un lugar muy interesante para visitar.


Las vistas desde su acrópolis, con la isla de Lesbos al fondo, son impresionantes.


Tal como habíamos acordado, a las 9.30 h en punto estabamos de vuelta donde nos esperaba el taxista. Este había pedido a un joven que hablaba inglés que nos preguntara por lo que exactamente le habiamos pedido a cambio de las 40 liras. Tras aclaralo mediante este intérprete, el taxista se quedó tranquilo y nos llevó al puerto. En el camino, por una carretera que debía ser calzada romana, al pasar por una casa en la ladera, nos hizo gestos como indicándonos que allí vivía él. Era un hombre que se molestaba en hacerse entender y explicarnos cosas, como lo del sarcófago de Aristóteles. Y llegamos al puerto,


Allí, Jaime le dijo que se viniera a tomar con nosotros un té turco - todo ello con ayuda de unas personas que estaban en la puerta de un establecimiento cercano al lugar donde había aparcado el taxi -, y asi hizo. Nos tomamos ese té turco, y él en un momento dado se levantó porque le había saludado un hombre muy viejo, dandonos a entender que volvía enseguida. Cuando regresó nos trajo un gran racimo de uvas para que lo compartiésemos con él: yo interpreté que era la forma suya de agradecer la invitación a tomar té. Despúes volvimos por la misma carretera que habíamos bajado, y ya en la cúspide cogió la carretera hacia la playa. Cuando llegamos, Jaime le dió las 40 liras acordadas y 5 mas de propina; en total 15,6 €. El hombre se emocionó ante el trato recibido, y nos despidió no solo dándonos la mano si no tambien un abrazo y dos besos. En ese momento era el hombre mas feliz del mundo. Y seguro que, ademas, había hecho "la carrera del día".


Volvimos en la zodiac al barco, siendo las once menos cuarto, buena hora para zarpar, aunque antes nos dimos un chapuzón para quitarnos el calor de la visita a Assos. La singladura del día era corta, mas corta que la de ayer, arrumbando al archipiélago de Ayvalik, para fondear primero en una cala y así comer.


En la cala escogida estaba también alguna que otra embarcación fondeada pero había sitio suficiente para todos. Alli comimos tranquilamente y luego descansamos. A primera hora se levantó el viento, y Jaime subió el bote a bordo, para zarpar inmediatamente.

Poco despues de las seis de la tarde entrabamos en el puerto de Alibey, pero pensamos que era mejor buscar un fondeadero. A pesar de ello pasamos primero por la bocana de la marina de Ayvalik, para verla de cerca. En Turquía - ya nos pasó en Estambul - cuando un barco se acerca a la bocana de una marina, sale una zodiac con dos marineros para preguntar si se busca amarre, y para cuanto tiempo. Aqui no se usa el VHF para hablar con el puerto, pues no hace falta, ya que salen a "buscar al cliente a la puerta".

De ahí seguimos hacia una cala muy resguardada, en una especie de laguna, ya que no hay practicamente movimiento del agua, pues tanto el por oleaje como las corrientes son inexistentes.


El agua es muy oscura, con muchas algas, pero para pasar la noche, nos pareció que el lugar era muy tranquilo, sin estar expuesto a posibles vientos nocturnos.


Mañana navegaremos hasta Dikili, el puerto desde el que iremos a Pergamo.


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