San Juan el Apóstol se hizo cargo de ella tras la crucifixión de Jesucristo, y años después ambos marcharon a Éfeso. El descubrimiento de esa casa - situada en una elevada montaña cercana a Éfeso - parte de una visión de la beata alemana Anna Katharina Emmerick, visión en la cual ella vió el emplazamiento de esta casa. Esta beata, que murió en 1824 - muchos años antes de que se iniciaran las excavaciones de Éfeso -, no había salido de Alemania, y tras conocer al escritor alemán Clemens Brentano, le dictó sus múltiples visiones. Después se tardaron muchos años en editar el libro con estas narraciones. Es en el último cuarto de siglo del XIX cuando se inicia la época de las excavaciones en esta costa del Asia Menor, y en concreto del complejo de Éfeso. Y por supuesto, también de esta casita en la montaña.
Los arqueólogos siguieron las indicaciones de aquella visión, logrando descubrir la casa, si bien ésta estaba parcialmente destruida. Según contaba un guía americano a sus turistas - como le oímos decir durante nuestra visita-, este edificio estaba construido en piedra, lo cual parece ser una excepción a los usos edificadores de su época, ya que entonces no era habitual el empleo de ese material para este tipo de construcciones. La restauración de la casa tuvo lugar años después, y hoy es un santuario muy visitado.
Después de esperarnos el taxista 20 minutos para que vieramos esta casa - en cuyo interior no se pueden hacer fotografías -, nos llevó a la entrada del recinto de Éfeso, propiamente dicho. El pacto que teníamos era que él nos esperaría en la salida del recinto - situada a 1 km, aprox. de la entrada - dos horas después. En ese momento, nosotros iniciamos el recorrido. Lo primero que sorprende - a mi al menos - es la lejanía actual de esta ciudad de la costa, ya que en su día tuvo puerto de mar, puerto que era fuente de riqueza como entrada de mercancias para las poblaciones situadas en el interior de este continente.
Al iniciar el recorrido, impresiona la extensión de esta ciudad - que llegó a ser la capital de las provincias romanas del Asia Menor -, y la cantidad de edificaciones que hasta el momento han sido afloradas. Todo lo que uno puede decir sobre ella, no deja de ser un "lugar común", semejante al de cualquier visitante de estas ruinas. Pero es verdad que impresiona la grandiosidad de este espacio monumental.
De las dos horas que teníamos para la visita, a nosotros no nos sobraría un solo minuto. Hay muchos edificios cuyas fotografías son ampliamente conocidas - gracias a la tecnología actual, cuando uno visita una ciudad, como en este caso Éfeso, ya sabe de antemano lo que se va a encontrar, sin grandes sorpresas -, pero que al ver todo este conjunto monumental en directo, sigue sintiendo una gran impresión, tanto por su belleza como por las dimensiones de esas edificaciones.
Éfeso, además, se tiene una densidad muy elevada de edificios grandiosos, ya que muchos de ellos están muy próximas entre sí. A mi esto me recordó la densidad monumental que existe en Roma ciudad.
Unas instalaciones que no parecían ser muy visitadas - al menos en el momento que nosotros las visitamos eramos pocos sus visitantes - son las del museo de las casas en terrazas. En este recinto, cubierto con una enorme "carpa" desde 1999, se trabaja en las casas que existían sobre distintas terrazas de la colina, siendo casas que estaban todas ellas unidas entre sí, en perfecta trabazón formando un complejo "distrito urbano".
En estas casas en terrazas - que eran casas donde vivían patricios -, se han descubierto preciosas pinturas y maravillosos mosaicos, los cuales servían, además de como decoración, para diferenciar entre los distintos tipos de estancias, y entre las diferentes zonas de la vivienda, como la zona noble y la del servicio.
Desde luego, la visita a este museo es muy, muy interesante y no se debería dejar a un lado, aun cuando me da la sensación de que los tours turísticos no la incluyen.
Cuando se sale de ese museo todavía queda mucho por visitar en Éfeso, destacando el teatro, de espectaculares dimensiones. Este es propio de una gran urbe, de una gran capital.
A lo largo y ancho de las amplias vías de Éfeso - parece que esto fue una novedad urbanística de esta ciudad - se ven numerosos restos de capiteles, bases de columnas, estatuas o partes de frontispicios. Entre todo ello, destaca la imagen de Niké, la diosa de la victoria.
También impresiona esa avenida, a modo de paseo marítimo, que desemboca hoy en día en la llanura cuando hace siglos unía el puerto y el gran teatro. Esa llanura es producto de la tierra que ha ido desecando durante cientos de años - por esas sedimentaciones tan frecuentes en esta costa del Egeo - aquella costa del golfo de Éfeso.
Antes de salir de este recinto monumental nos acercamos a ver los restos de la Iglesia de María, iglesia que dió cobijo al 3º Concilio Ecuménico en el año 431de nuestra era. Desgraciadamente esta iglesia está en ruina total. Es importante señalar el esfuerzo del Instituto Arqueológico de Austria (ÖAI) en los trabajos de restauración de esta iglesia, ademas de otras acciones que lleva a cabo en esta misma ciudad. La implicación del ÖAI en la restauración de Éfeso es enorme.
Puntualmente, dos horas despues de haber dejado el taxi, nos reencontrábamos con él, y partíamos rumbo a Kusadasi.












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