lunes, 29 de septiembre de 2014

Visita a Leros

Antes de hablar sobre esta interesante isla, comentaré que en la mañana siguiente a nuestra arribada a Lakki, trasladamos el Roc Blanc II a una marina situada al norte de la isla. Antes de zarpar, desayunamos en la cafetería que está junto al muelle en el que estabamos amarrados: ¡qué agradable son siempre esos bares a pie de muelle! Eran las diez menos cuarto cuando soltamos amarras, abandonando Lakki y poniendo rumbo Norte.


En los siguientes dia y medio nos dedicamos a recorrer la isla. Esta tiene una superficie de 53 km2 y un perímetro de 71 km. Su población es algo mayor a la de Formentera, y se concentra mas en la costa oriental, que en la occidental. Su capital es Platanos, y Lakki su puerto mas importante. Este es un puerto natural de grandes dimensiones, siendo el mayor y mas seguro del Dodecaneso. Es una isla con mucho verdor, y bonitas playas.


En este puerto ademas de dos marinas para embarcaciones de recreo, existe una base naval y un gran muelle para el ferry que conecta a esta isla con las restantes de la zona.

Lakki se construyó durante los 31 años de ocupación italiana - de 1912 a 1943 -, edificándose con el estilo arquitectónico de "entre guerras", siendo en este sentido una ciudad única en Europa. Los italianos, en su época, también fortificaron la ciudad al igual que muchas otras partes de la isla.



Leros - como todas las islas del Egeo - ha pasado por diferentes dominaciones a lo largo de su historia, habiéndose encontrado también restos prehistóricos. En la época helenística tuvo mucha relación con Mileto, por el origen de sus pobladores. Posteriormente pasó a manos bizantinas, y en el S. XIV al dominio de los caballeros de la Orden de S. Juan. Mas tarde fue ocupada por los turcos, quienes la retuvieron hasta 1821 año en que pasó a ser griega. Nueve años después fue intercambiada a los turcos por la isla de Eubea, cercana a Ática, y por tanto al continente griego. Y ochenta y dos años mas tarde, a principios del S. XX, cambió de nuevo de manos, pasando a ser italiana, quienes la retuvieron hasta finales de la II Guerra Mundial. Desde 1948 pertenece a Grecia.


En la actualidad Leros tiene una importante población flotante - turistas, muchos de ellos navegantes - de procedencia italiana, francesa y escandinava. La presencia de los escandinavos se debe a que en Leros se rodaron muchas escenas del musical "Mamma mía", con el grupo ABBA. Por ello, son numerosos los aviones que llevan turistas del norte de Europa al pequeño aeropuerto de la isla.


Al igual que sucede con otras islas griegas, en ésta existen muchos rincones con especial atractivo. Pero también es cierto que las fotografías aqui obtenidas tienen gran similitud con muchas otras de parajes griegos semejantes, y que ya todos hemos visto repetidas veces. A pesar de ello, a mi no dejan de fascinarme las vistas que presentan esas fotografías, quizás por haberlas captado yo mismo.


Hay una ensenada - Pandelli - que durante el día resulta muy agradable, pero que por la noche tiene un encanto especial: en sus tabernas preparan maravillosamente el pescado, que diariamente es traído por los pescadores de la isla.


Estas tabernas tienen terrazas pegadas al mar y a las que se llega desde tierra, o en un bote desde cualquier barco fondeado en la misma rada. Nosotros aquella noche cenamos un pulpo muy bien preparado - lo que no es muy frecuente en Grecia, ya que lo suelen "torrar", quedando muy duro - y un delicioso sargo, también estupendamente cocinado. Y como siempre, con vino blanco "de la casa".


Como se muestra en la fotografía, en la orilla hay chinchorros con los que los tripulantes de esos barcos fondeados a unos metros - en la orilla no hay apenas calado - se acercan a las tabernas a cenar.


El último día de mi estancia en Leros - mi avión a Atenas salía ese día a primera hora de la tarde - subimos al castillo de Platanos, de origen bizantino. El camino de subida lo hicimos por el interior de una población, y gracias a que el coche era pequeño pudimos pasar por algunas de las callejuelas de esa población. Dudabamos de que fuera el único camino de acceso al castillo, pues por ahi no había sitio para dos coches, uno de subida y otro de bajada. Mas tarde pudimos comprobar que habíamos escogido el camino menos frecuentado de los dos existentes. Era un camino con bastante encanto, pero tremendamente estrecho.


En la cúspide de la montaña se encuentra el castillo, que tiene unas impresionantes vistas sobre toda la isla y sus bahías.



Y desde el que también se puede ver la costa turca.



Como suele suceder, ese es un sitio estratétigico, de forma que desde él se pueden detectar de forma rápida posibles ataques de flotas incursoras.


El azul de las aguas de Grecia - ya lo hemos señalado repetidas veces - es un azul intenso precioso, inigualable. Y el contraste de ese azul con el blanco de las casas genera una sensación muy tranquilizadora, de paz y sosiego. Las imágenes incluso tan lejanas como estas resultan, asi, muy relajantes.


En el castillo recorrimos todo el recinto, de todos los niveles, hasta la misma torre. Y también entramos en el pequeño museo eclesiástico que existe en una de las estancias. Junto a él existe una pequeña y bonita capilla ortodoxa, adornada con sus típicos iconos, y que no hay que dejar de visitar.


Tras esa visita al castillo bajamos a Lakki, a tomar un refresco, y en el snack-bar nos encontramos con Jose y Lis, los dos amigos españoles que todavía no habían zarpado rumbo a Samos. Allí estuvimos charlando un rato largo con ellos, hasta que llegó la hora en que Jaime me iba a acercar al aeropuerto.



Faltaban algo mas de dos horas para la salida del vuelo, y mi intención era hacer el check-in lo antes posible para facturar - y abandonar asi - mi bolsa de viaje de 22,8 kg de peso. Al llegar al aeropuerto acababa de llegar la joven del mostrador de Olympic Airlines, encargada de hacer el check-in y la facturación de equipajes. El check-in desde Leros no se puede hacer previamente por internet [aunque yo ya tenía hecho el del vuelo Atenas-Madrid], debiéndose esperar a que llegase el policia de seguridad del aeropuerto. Este llego cuando faltaba una hora para la salida del avión, ¡trayendo consigo a su rubita hijita de 3 años (aprox)! La sentó en la silla del escaner y él se puso a mirar la pantalla mientras pasaban todos los equipajes, ya fuera a facturarse o a llevar en cabina. Despues de pasar esos equipajes por ese primer escaner, se podía ya hacer el chek-in. Cuando estuvo completo del check-in de todos los pasajeros, se pasó a la sala de espera,para lo cual se volvían a pasar por otro escaner los bultos de mano que se iban a llevar en cabina [y que ya habían pasado por el anterior escaner].  Por supuesto, ¡la niña del policia estaba de nuevo sentada en la silla del segundo escaner!, acompañando a su padre en el trabajo. Es una forma peculiar de compaginar familia y trabajo. Grecia es asi....

No hay comentarios:

Publicar un comentario