Dos horas y media después de izar el génova, tuvimos que meter de nuevo motor al haber caído el viento. A la hora de comer buscamos un buen fondeadero, y tras un primer intento en una cala que no era no muy adecuada por su fondo de roca, continuamos nuestro camino. Finalmente entramos en una pequeña ensenada - al Este del Cabo Baba, frente a la isla griega de Lesbos, isla que se veía perfectamente -, y en ella sí echamos el ancla. El agua estaba transparente, como en las islas griegas. Es curioso que en aquellas el agua este absolutamente transparente, mientras que en gran parte de las costas de Turquía que hemos visitado, no. Antes de comer nos hemos dado un buen chapuzón, pues en aguas asi esto es un placer.
En la hora de la sobremesa, ha llegado muy cerca de nosotros una pequeña barca de pecadores, que han echado una red en círculo, para luego cerrarlo e ir izando la red. Ha sido muy interesante el ver como trabajaban estos dos pescadores, haciendo todo con cuidado pero sin parar. Y al final han recogido pescado. Está claro que estos pescadores conocen bien sus caladeros.
A las 16.15 h hemos levado ancla, arrumbando al puerto de Behram Kale, el antiguo puerto de Assos. Hemos doblado el Cabo Sivrice, en el que además de un faro hay una torre de radar, para control de tráfico marítimo. En las costas turcas existen muchas torres de este tipo, sin duda para vigilancia de costas.
Al no existir practicamente viento hemos aprovechado para sacar cuidadosamente la mayor, y esta ha salido bien. Poco tiempo después el viento ha subido lo necesario para volver a izar velas, y ademas de mayor también hemos sacado el génova. Al llegar frente al puerto de Assos, hemos recogido velas, aproximándonos a éste a motor. Este puerto es pequeño, con un acceso algo complicado, y sin apenas calado, al menos para barcos como el nuestro. Por ello, hemos tenido que continuar hacia el Este, y al
doblar la punta siguiente al puerto, a una milla de él, hemos fondeado en la playa de esa misma localidad, Behram Kale, su denominación actual. En esa ensenada ya había otro velero fondeado, pero amarrado a una boya. Eran las seis y media pasadas, y todavía había luz. Al fondo se veía la colina en la que está la acrópolis de Assos. Nuestra duda, en esos momentos, fue de qué manera ibamos a ir al día siguiente
hasta esas ruinas ya que la distancia desde la playa es de unos 6 km, y existe un gran desnivel que superar. En la playa vimos un coche amarillo, el color de los taxis de esa provincia de Canakkale, y nos imaginamos que al día siguiente también estaría esperando a algún turista de esos pequeños hoteles
que quisiera subir a Assos.
La cena a bordo consistió ese día en un delicioso arroz meloso con frutos de mar, acompañado del vino blanco de Bozcaada - cuya botella nos habíamos traído del restaurante, puesto que solo habíamos bebido la mitad de ella -, y fruta.
Mañana subiremos a la antigua ciudad de Assos.






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