martes, 23 de septiembre de 2014

Singladura num 23. Recalada en Teos

Aunque de madrugada había amainado el viento, un par de horas después volvió a arreciar, siendo de fuerza 6 cuando a la salida del sol. Cuando salimos a cubierta, a las siete menos cuarto, vimos que el barco no se aproaba al viento, como hacían los otros dos que también estaban fondeados en esa misma cala. Esto solo podía representar una cosa, y era que al bornear el barco - cuyo ancla y cadena habían resistido perfectamente los embates del viento - había ido hasta cerca de la orilla, apoyándose contra el fondo. Y eso a pesar de los 17 m de profundidad que había en el lugar en el que estaba al ancla. Con el motor del barco ayudado por el motor del molinete, que tiraba de la cadena, salimos de esa posición sin mayores problemas. Y, una vez fuera de la cala, navegamos rumbo Sur. Como hemos hecho siempre que salimos pronto, y el desayuno propiamente dicho había de esperar, tomamos un vaso de zumo y galletas, de forma que el estómago no estuviera vacío.


Al ir al Sur, el viento y la mar nos favorecían, y buscamos un fondeadero que estuviera a sotavento para hacer una pausa y desayunar tranquilamente. Es increible como se anula el viento en esas radas a resguardo, en las que reina una sorprendente quietud, como si fuera de ellas no pasara nada.


Dada la noche "leonina" que habíamos pasado, nos tomamos tiempo para ese desayuno, no levando ancla de nuevo hasta pasados tres cuartos de hora desde nuestra arribada. La zona por la que navegamos en esos momentos debía estar relativamente protegida por la no muy lejana isla griega de Khios, ademas de por otras pequeñas islas turcas mas próximas a nuestra derrota, ya que la intensidad del viento fluctuaba bastante. A las 11.30 h entramos en la marina de Cesme para hacer combustible.


Al principio nos dijeron por radio que teníamos que esperar bastante tiempo, ya que había una motora grande llenando sus depósitos, aunque de repente nos indicaron en qué lugar de la estación de servicio nos debíamos abarloar.

Cuando zarpamos de esa marina, izamos velas, ambas con un rizo, y ya navegamos con la fuerza de la naturaleza. Fueron dos magníficas horas, con un buen viento de aleta, durante las que el barco no bajaba de los 7,5 nudos. Una auténtica gozada. A eso de las dos nos aproximamos a la entrada de la amplia cala de Alaçati, en la que hay una marina, y en la que pensabamos recalar, de forma que pudiesemos descansar el resto del día.


Justo en el momento de entrar en el canal de entrada al puerto nos encontramos con una regata de wind-surfistas cuyo campo de regata era justamente ese canal. La navegación en esos momentos fue complicada pues los wind-surfistas volaban por proa y popa sin ningún miramiento por nuestro barco. Al llegar a la bocana de la marina, se nos acercó la típica zodiac con dos marineros pero en esta ocasión el mensaje era diferente, y muy negativo: la marina estaba totalmente llena y no admitían ya ningún barco. Era la primera vez que nos encontrábamos con un rechazo de esa naturaleza. Al fondo de esa cala existen otros puntos de atraque, pero son particulares, de los propietarios de las casas a cuyo pie estan cada uno de esos embarcaderos. Nada mas virar 180º para enfilar el canal de salida, otra zodiac nos conminó a tener un cuidado especial en nuestra maniobra, pues estabamos pasando por el mismísimo campo de regatas. A mi me cuesta entender esa servidumbre absoluta a la que debían someterse los barcos que navegaban por ese canal, ya que había otros lugares de esa misma amplia cala en los que también había buen viento, como se necesita para esa competición. Pero me imagino que "business is business", y esa regata tenía prioridad maxima, al llevar negocio a la marina, incluyendo barcos de seguidores de los deportistas. En otro rincón, mas retirado, de dicha cala había un grupo bastante numerosos de kite-surfistas que practicaba este deporte.

La siguiente marina era la de Teos - población con restos de la época helenística, y también de su dominio por parte de los genoveses, y cuyo nombre turco actual es Sigaçik - y hacia ella arrumbamos. A eso de las cinco izamos de nuevo velas - siempre con rizos - y tuvimos otras dos horas de fantástica navegada, con viento de aleta, de fuerza 6. El barco "volaba" y era maravilloso.

A las 18 h, arriamos velas, metiendo motor para ir directamente a la isla que hay en la entrada de la rada de Sigaçik. Tres cuartos de hora después amarrabamos en el pantalán G, de Teos Marina. Este es un puerto nuevo, con buenas instalaciones, y situado en un entorno muy agradable. Después de descansar un poco salimos a cenar, buscando un restaurante o chiringuito en el que hubiera mucha gente, ya que los restaurantes de la marina estaban absolutamente vacíos. Asi escogimos uno llenísimo de gente, pero que al final no cumplió nuestras expectativas en cuanto a la calidad de las tapas que tomamos. En esta vida hay que probar de todo...


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