A las 8.00 h cruzamos la línea fronteriza entre Turquía y Grecia, cambiando la bandera del pais cuyas aguas visitábamos, es decir, sustituyendo la turca por la griega.
Veinte minutos después llegamos a la Skala Mistegnon, teniendo la visión típica de una bonita población griega. Empezamos a costear por esta vertiente oriental de la isla, con rumbo Sur. En esta parte de Lesbos parece haber bastante industria, pues vimos una planta de producción de energía, ademas de naves industriales. Pero a pesar de esto, es una isla muy bonita.
A las nueve y media arribamos al puerto de Mitilene, la capital de la isla. Nos acercamos al muelle de policia, donde una mujer policia nos pidió a golpe de silbato que nos acercásemos a donde ella estaba. Ya no era aquella graciosa joven policia de puerto, rubia y guapa, de Samotracia, sino una morena y mas bien forzuda mujer la que nos requeria que fueramos a donde ella estaba. Nos preguntó por nuestro último puerto y al decirle que era turco, nos dijo que si queriamos visitar la ciudad debíamos hacer el despacho de entrada en Grecia. Y si no, nos teníamos que marchar de nuevo. El capitán consideró que el hacer la entrada en Grecia nos iba a llevar demasiado tiempo - facilmente las dos horas que teníamos previstas para visitar la ciudad -, y por tanto salimos sin perder un minuto mas rumbo a Dikili. Hay que resaltar la diferencia de exigencias reglamentarias en Grecia entre un puerto importante, como el de Mitilene, y otros mas pequeños, en los que - como hemos visto en esta travesía - no preguntan por el ultimo puerto visitado, es decir, si es o no turco. También sorprende que estos dos países no sean capaces de habilitar un sistema "friendly", que posibilite el "zigzaguear" entre una costa y otra, sin pérdidas inútiles de tiempo, puesto que en ambas costas hay lugares interesantes y bonitos. Esto potenciaría sin duda el turismo náutico en ambos países.
A las doce y cuarto arribabamos al puerto de Dikili. Este es un puerto pesquero, con muy pocos atraques para barcos visitantes. Al llegar, Jaime vió que había un velero amarrado y al lado un espacio libre en ese mismo muelle, sin amarras de otros posibles barcos. Tampoco vimos que hubiera muertos en este puerto, por lo que echamos el ancla en medio de la dársena, atracando al lado de ese barco inglés, El muelle estaba lleno de trastos viejos - redes, contenedores de basura, cajas de madera tiradas por el suelo, etc.-, pero era el único lugar disponible para amarrar en este puerto. Este es el mas cercano a la ciudad de Bergama, nombre actual de Pérgamo, y por tanto desde el que ir a visitar dicha ciudad.
Dado que Jaime tenía que esperar al capitán de puerto para hacer los trámites de entrada en Dikili, yo me fui a la ciudad a enterarme de la forma de llegar hasta Bergama. Eran las doce y media, y la oficina de turismo estaba cerrada - era la hora de la comida -, asi que pregunté en una oficina de una operadora de telefonía a una joven que hablaba inglés. El viaje se podía hacer en el autobús interurbano, el que une Dikili con aquella otra ciudad, situada a 28 km de distancia. Y allí deberíamos coger un taxi u otro medio de transporte. La estación de autobuses de Dikili esta a un kilómetro y medio del puerto.
Mientras yo estaba en la ciudad, Jaime me llamó al walkie para decirme que habría que comprar fruta.
Entre la fruta que encontré, había una cajita de higos con muy buena pinta, asi que - además de la fruta que tomamos usualmente, como plátanos, manzanas o melocotones - me la lleve. Por la tarde, tras un par de horas de tener los higos en la nevera, me tomé varios de ellos muy fresquitos, lo que no mucho tiempo después me pasó "factura".... Al regresar al barco, Jaime había estado hablando con los ingleses del velero vecino, quienes habían estado ese día en Pergamo, y le informaron de como ellos habían ido a visitar aquellas antiguas ruinas. Decidimos que nosotros emplearíamos ese mismo sistema para ir allí al día siguiente.
Por la tarde, una racha fuerte de viente de levante obligó a levar ancla y echarla inmediatamente después algo mas lejos del muelle, a la altura de la bocana del puerto. Y a las seis y media de la tarde llegaron las tres golondrinas con turistas, de vuelta de las excursiones del día. Es increible que en ese muelle, repleto de trastos viejos y basura, atraquen barcos con turistas. Por la noche, dada la proximidad al barco de todos esos viejos enseres de nuestro muelle, cerramos bien el barco para evitar que alguna posible rata - aunque la verdad sea dicha, ninguna de las golondrinas tenía puestas rateras en sus amarras - pudiera subir a bordo.







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