Cuando hace días subiamos hacia Estambul, con viento y mar en contra, pensamos que esas mismas condiciones nos serían favorables al ir en rumbo contrario, es decir, hoy. Sin embargo en los días pasados viento y mar han caido, con lo cual esa ayuda esperada ha sido cero. En algún momento, en pleno mar de Mármara, la velocidad del barco ha superado los 8 nudos, lo que indica que una pequeña corriente sí nos estaba favoreciendo en esos momentos. Pero ese apoyo ha sido solo puntual. La mar ha estado tan plana - "como un plato" - que bastante lejos de la costa, a las 12.50 h se nos ha acercado por popa una pequeña zodiac con tres jóvenes, que han debido sentir curiosidad al ver el velero en el horizonte, y se han aventurado hasta donde estabamos; despúes de ver quienes eramos, han virado poniendo rumbo a la costa, a su puerto.
La singladura de hoy ha sido de nuevo larga, ya que teníamos que dar el salto hasta la isla de Mármara.
Naturalmente también se ven nuevas catas, para localizar nuevas vetas, con mejor piedra, pues la actividad industrial no se puede parar.
Es impresionante la industria que hay montada en esa isla en base a este mineral. Hasta ahora me maravillaba el empleo en los templos y edificios nobles de la Grecia clásica, al igual que en otros países de su entorno, de esta piedra, tan escasa en nuestras latitudes. Sin embargo, vistas ahora estas canteras y el mármol de Thasos, me parece que era el uso, "lógico", que debían dar a unos recursos naturales que tenían tan a mano. Y que mejor empleo de este mineral que el de sus edificios mas nobles. Por supuesto, esto no quiere decir, que no tuviera un gran mérito la utilización del mármol - con el enorme esfuerzo que debía suponer su extracción, tratamiento y transporte hasta el destino final - en dichas construcciones, si no que era un material noble que abundaba en sus territorios, y por tanto era su empleo era "natural".
Poco antes de las ocho menos cuarto de la tarde, diez horas después de soltar amarras en Estambul, llegamos a nuestra recalada, Cinarli Limani, en la costa Oeste de la isla. Alli fondeamos, y - como teníamos por costumbre - nos dimos un chapuzón a pesar de que sus aguas son oscuras, y con algas flotantes y alguna que otra inofensiva medusa blanca.
Era pronto, pero como mañana tenemos otra larga singladura por delante, decidimos cenar. Después tomamos una copa de licor, que hoy nos apeteció fuera Tía Maria. Yo había comprado, en un centro comercial cercano a la Marina Atakoy un pequeño altavoz portátil para mi Ipod, y estuvimos escuchando música de Pink Martini.
Mañana, muy temprano, zarparemos rumbo Dardanelos.






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