La singladura prevista para hoy era larga, de mas de 60 millas de nuevo. Por ello que nos pusimos en marcha a las 07.00 h soltando arramas en la marina de Cannakale. Y como "tras la tempestad, viene la calma" hoy no ha habido viento, y la mar estaba como un plato. Asi que remontamos a motor los Dardanelos. Primero arrumbamos a Gelibolu, pues nos habían dicho que tenía un castillo interesante de ver.
Antes de llegar a esa ciudad, avistamos cerca del barco unos delfines. No era la primera vez que veíamos estos animales, pero si la primera que permanecían junto al barco lo suficiente como para poder bajar a por la cámara, e intentar fotografiarlos.
Llegados a Gelibolu, famosa por la "batalla de Galipoli" - es decir, ella misma, pues ese era su anterior nombre -, en 1915 durante la I Guerra Mundial, no pudimos encontrar ese castillo. Como en el puerto no había mucho sitio, decidimos no perder mas tiempo y entrar en el mar de Mármara. Eran las 11.00 h, y se había levantado una cierta brisa, débil y por tanto insuficiente para izar velas. Ya en ese mar pasamos por delante de un par de grandes instalaciones industriales - una central eléctrica y otra con grandes naves -, lo que nos mostró el fuerte espíritu industrial de los turcos. A la hora de comer fondeamos en una cala próxima a la ciudad de Kemer - la antigua "polis" Pario, reputada por su santuario de Eros, del cual no queda nada - y donde vimos unas edificaciones con embarcadero propio, para pequeñas embarcaciones.
El menu consistió en huevas de atun fritas y un espectacular marmitako, preparado con el último trozo que quedaba del atun pescado por Jaime hacía unas semanas, y que llevabamos a bordo congelado. El vino fue ese delicioso verdejo de José Pariente, y de postre ademas de fruta tomamos unas suavísimas baklavas, que habíamos comprado en Canakkale. Por supuesto, el café iba acompañado con un poco de Metaxa. Nada mas pasar las tres y cuarto levamos ancla, arrumbando a la isla de Pasalimani, a donde llegamos casi cuatro horas y media después.
Primero miramos a ver si en el muelle del ferry había sitio para abarloarnos, peo al ver que no, fuimos directamente al fondeo, frente al "paseo marítimo" de esta población.
Después nos dimos un chapuzón, para quitarnos el calor de todo el día, que habia sido muy caluroso al no haber viento. Y un poco mas tarde, a las 21 h, fuimos en la zodiac a ese paseo marítimo, para buscar un lugar donde cenar. Al llegar a Pasalimani, Fernando había visto una especie de restaurante dando al mar, asi que fuimos a ver qué pinta tenía. Para ello tuvimos que ir por callejuelas que nos retrotrajeron a los pueblos de la España de hace cincuenta años. La llegada al restaurante - situado en un palafito, sobre el mar - fue "grandiosa": estaba sentada una señora, mayor y mas bien gruesa, que al ver llegar a tres posibles clientes se levantó de golpe, dando un salto en su silla, y saliéndonos al paso. Estaba claro que no quería
perder la oportunidad de tener esa noche tres clientes, tres "giris" cenando en su retaurante. Tenía un admirable espíritu comercial. Inmediatamente avisó a los dos hombres que la acompañaban. Por supuesto ninguno hablaba inglés, asi que tuvimos que emplear la mímica, y algunas palabras en un mix de idiomas - como fish, birra - que sí conocían. Al preguntarles, e insistirles, nosotros por fish, nos llevaron al mostrador en el que presentan el pescado, aunque uno de ellos nos decía repetidas veces "turkish pizza" como la alternativa al pescado. Nosotros hubieramos preferido el pescado, si no hubiera sido por la pinta que tenía. Finalmente aceptamos la sugerencia de aquel hombre, y encargamos turkish pizza para los tres. No teníamos la menor idea de lo que nos iban a servir, asi que estabamos espectantes. Cuando, tras la ensalada y un plato de patatas fritas, nos trajeron la turkish pizza, nos quedamos gratamente sorprendidos: estaba deliciosa. Nunca después volvimos a tomar una turkish pizza con tan buen sabor.
De postre tomamos el típico plato de sandía, acompañado de uvas. Fue una cena estupenda, en un lugar inesperado. A partir de ese momento, para nosotros el restaurante quedo apodado "El palafito". Es interesante ver como en Turquía abunda este tipo de construcciones sobre el mar, sin duda por ser mares mas bien tranquilos, sin mareas ni temporales que levanten grandes olas.
De regreso al barco paseamos un poco por ese paseo marítimo que estaba muy concurrido.







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